5 De Febrero: El Día En Que México Se Dio Su Palabra Por Escrito

 Duranguenses MX | hace 8 meses | Vistas: 42

     



Cada año, cuando llega febrero, México amanece con un aire distinto. En las escuelas se acomodan las escoltas, se planchan los uniformes, se alistan los discursos y vuelve esa pregunta que parece sencilla, pero sostiene a un país entero: ¿qué celebramos el 5 de febrero?

Celebramos la Constitución, sí. Pero, sobre todo, celebramos algo más grande: el día en que México decidió dejar por escrito su palabra colectiva. Un pacto para que la fuerza no mande sobre la ley; para que el poder tenga límites; para que la dignidad humana no dependa del capricho de nadie.

Y aunque hoy el descanso oficial se recorra al primer lunes de febrero, la memoria nacional sigue clavada en la fecha exacta: 5 de febrero, Día de la Constitución.

Dos Constituciones, una misma fecha

El 5 de febrero es una fecha con doble eco histórico. En 1857 se promulgó una Constitución fundamental en la historia nacional, parte de la ruta que buscó ordenar la vida pública del país en el siglo XIX.

Pero la que celebramos de manera central hoy es la de 1917, porque es la Constitución vigente: el texto que organiza nuestro Estado y reconoce derechos que forman parte de la vida diaria. En documentos oficiales se consigna que fue publicada en el Diario Oficial de la Federación el 5 de febrero de 1917.

Querétaro, invierno de 1916: cuando la ley entró al teatro

Imagina la escena: Querétaro, días fríos, calles de piedra, y un recinto que no era palacio ni cuartel, sino teatro. Ahí, en el Teatro Iturbide (hoy recordado como Teatro de la República), inició el Congreso Constituyente. De acuerdo con una reseña institucional del Gobierno de México, sus sesiones comenzaron el 1 de diciembre de 1916 en ese lugar emblemático.

En el texto del decreto publicado en la edición histórica basada en el Diario Oficial se identifica con claridad el momento político: Venustiano Carranza aparece como Primer Jefe del Ejército Constitucionalista y encargado del Poder Ejecutivo, y se señala que el Congreso Constituyente estaba reunido “en esta ciudad” desde el 1º de diciembre de 1916.

No fue una reunión para hablar bonito: era un país buscando orden después de años de conflicto revolucionario. Lo que se discutía ahí —entre votaciones, discursos, acuerdos y choques— era la forma misma de México: qué derechos debían quedar protegidos y qué obligaciones debía tener el poder.

5 de febrero de 1917: el país se firma a sí mismo

Llegó el día. 5 de febrero de 1917. La Constitución se publicó y se proclamó con solemnidad. Ese acto no era solamente jurídico: era simbólico. Era decir: de aquí en adelante, la autoridad no se improvisa; se somete a reglas.

Un dato oficial muy importante suele pasar desapercibido, y vale oro para un trabajo de historia: aunque se promulgó el 5 de febrero, la Constitución no comenzó a regir plenamente sino hasta el 1º de mayo de 1917, según sus artículos transitorios (con la excepción de algunas disposiciones electorales que entraban en vigor desde antes).

Es decir: el 5 de febrero fue la promesa solemne; el 1º de mayo fue el inicio del reloj constitucional en marcha.

¿Por qué importa? Porque la Constitución se vive

A veces se piensa en la Constitución como un libro lejano, guardado en vitrinas. Pero una explicación institucional lo dice con claridad: la Constitución es el conjunto de disposiciones, normas y principios que delimitan cómo deben actuar las autoridades y que reconoce derechos de las personas para buscar convivencia social.

Y la de 1917 marcó un antes y un después por una razón histórica que reconocen instituciones nacionales: fue pionera por incluir derechos sociales. La Suprema Corte lo resume así: la Constitución de 1917 fue pionera al incorporar derechos vinculados con educación, trabajo y tierra.

Incluso, una nota cultural institucional la recuerda como “la primera constitución social del mundo”, por haber puesto en el centro no solo libertades individuales, sino compromisos del Estado con justicia social.

Por eso, cuando hablamos del Artículo 3º (educación), del Artículo 27º (tierra y recursos) y del Artículo 123º (derechos laborales), no hablamos de teoría: hablamos de escuela, de propiedad, de jornada laboral, de salario, de descanso, de dignidad.

Orgullo con raíz duranguense: Durango también estuvo ahí

Mirar la Constitución desde Durango da un orgullo especial: Durango estuvo representado en el Constituyente.

En la lista oficial de diputados del Congreso Constituyente 1916–1917 se registran, entre otros, nombres vinculados a Durango como: Silvestre Dorador, Rafael Espeleta, Antonio Gutiérrez Rivera, Fernando Castaños, Fernando Gómez Palacio, Alberto Terrones Benítez y Jesús de la Torre.

Y hay documentos históricos de la Cámara de Diputados que incluso muestran a la Diputación de Durango y referencias biográficas de algunos integrantes.

Eso significa algo muy concreto: mientras en Querétaro se discutía el México del futuro, también había voces de nuestra tierra aportando al texto que sigue rigiendo al país.

Dos duranguenses que simbolizan valentía e ideas

Hay dos figuras que, por caminos distintos, representan espíritu duranguense en esa época:

  1. Hermila Galindo, originaria de Ciudad Lerdo, Durango, fue una mujer adelantada a su tiempo, ligada a la vida pública y a la defensa de los derechos de las mujeres. Instituciones oficiales la reconocen y registran su origen duranguense.
  2. Pastor Rouaix, electo diputado constituyente, tuvo una relación profunda con Durango: el registro institucional señala que desde joven se trasladó a Durango, obtuvo ahí el título de ingeniero, y que fue gobernador revolucionario de Durango (1913–1914), periodo en el que expidió la primera ley agraria del país, según esa efeméride oficial.

Durango no solo mandó representantes: mandó también ideas, carácter, discusión, y participación política en los años donde se estaba reinventando la nación.

Entonces… ¿qué celebramos?

Celebramos que México aprendió —a veces con dolor, a veces con sacrificio— que un país no se sostiene solo con héroes: se sostiene con instituciones. Y que la libertad verdadera no es hacer lo que sea, sino vivir bajo reglas que protejan a todos, especialmente a quien tiene menos poder.

El 5 de febrero celebramos que México tiene una Ley Suprema que obliga a la autoridad y reconoce derechos. Celebramos que somos un país capaz de ponerse de acuerdo en lo esencial. Y celebramos, con orgullo patriótico, que esa palabra escrita no es adorno: es defensa, es brújula y es compromiso.

Porque al final, la Constitución no es “del gobierno”: es del pueblo. Y cada generación tiene una tarea: conocerla, exigir que se cumpla y honrarla no solo con ceremonias, sino con responsabilidad.

Datos oficiales rápidos (para tu trabajo)

  1. La Constitución vigente fue publicada el 5 de febrero de 1917 en el Diario Oficial.
  2. Según sus artículos transitorios, comenzó a regir el 1º de mayo de 1917.
  3. El Congreso Constituyente inició sesiones el 1º de diciembre de 1916 en el Teatro Iturbide (Querétaro).
  4. En materia laboral, el descanso oficial se recorre al primer lunes de febrero en conmemoración del 5 de febrero.




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